En un post anterior os mostramos las fotografías del fruto
del endrino; estamos en la época de
floración de este arbusto caducifolio y podemos observar la belleza de las
flores que acaban de surgir.
El endrino, es un arbusto caducifolio, muy
enmarañado y espinoso de hasta 4
metros de altura. Hay que tener cuidado para no
confundirlo (a veces, es difícil de distinguir) con el Prunus insititia o
ciruelo silvestre.
Suele formar grandes espesuras gracias a su fácil y densa reproducción
por retoños que brotan de sus raíces. Tiene las ramillas divergentes,
pardo-oscuras, más o menos pelosas en su juventud y rematadas frecuentemente en
espina; los tallos viejos, en cambio, tienen corteza agrisada.
Sus ramas espinosas soportan pequeñas hojas ovales
y pecioladas de implantación alterna.
Las flores son blancas y pentámeras. Su apertura
tiene lugar antes de la aparición de las primeras hojas. Durante
el invierno pierde las hojas y, en primavera, antes de que brote
el nuevo follaje, aparecen las flores.
Hacía mucho tiempo que teníamos ganas de llegar al Gólgota;
y, aunque habíamos estado muy cerca, al final, por uno u otro motivo, se
truncaba nuestra idea.
No es que el Gólgota sea un lugar privilegiado por su
belleza o su fauna y flora, pero las vistas que se pueden disfrutar desde esta
pequeña elevación hacen que valga la pena visitarlo.
Partimos de la parte alta de Alcalá de Moncayo en
donde se situa la báscula municipal. Continuamos el camino hasta llegar a una
bifurcación que nos lleva, por la izquierda, al antiguo molino y Ambel, y ,por
la derecha a una preciosa alameda en donde podemos pararnos a observar el vuelo
de los carboneros comunes, los herrerillos y, con un poco de suerte, de los
pica pinos. (En este lugar llegué a tomar hace tiempo unas preciosas
fotografías de algún que otro mito y de un azor que los acechaba); nosotros
continuaremos la ruta por esta alameda y ya no dejaremos el camino principal en
varios kilómetros.
Así, tras pasar varios campos baldíos y plantaciones de
almendro, llegaremos a un punto en donde el camino realiza un fuerte descenso.
A lo lejos podremos ver la entrada de un precioso barranco (para mi uno de los
lugares más atractivos de la comarca), que cruzaremos intentando mantener el
mayor silencio posible, ya que es probable que nos topemos con algún corzo o
zorro (como nos ha ocurrido en alguna otra ocasión que hemos llegado hasta
aquí).
Esta vez pude conseguir unas preciosas fotografías de un
mosquitero papialbo que se dejó fotografiar jugando un poco al escondite
conmigo.
El barranco se bifurca en dos. A la derecha un camino casi
cerrado por la maleza que atraviesa otro barranco no tan impresionante como
éste y a la izquierda, el que tomamos, se inicia un ascenso prolongado, pero
muy llevadero, desde el cual vamos observando la majestuosa silueta de las
Peñas de Herrera. Al llegar a la parte más alta de esta subida veremos que, a
nuestra izquierda, aparece un camino que parece hacernos retroceder
en nuestra dirección, pero que descubriremos más adelante que tiene forma de
herradura.
Y continuando por él llegaremos finalmente a la cumbre del
Gólgota, desde podremos observar unas vistas maravillosas. El premio añadido
que tuvimos nosotros fue las fotografías que conseguimos de un mirlo
capiblanco, algo dificilisimo de obtener debido a la gran escasez de esta
especie ("La escasa población española, especie torquatus
alpestris, se ha estimado en unas 6000-7000 parejas (Purroy 1997) que debe
corresponder en su inmensa mayoría a la población pirenáica, donde se calculó
una densidad media de 1,7 individuos/10 ha en localidades con pino negro
(Purroy 1974). Pueden estimarse algún centenar más en la Cordillera Cantábrica
y, sin duda, aún es mucho menor la marginal población del Sistema Ibérico.(En:
pajaricos.es))"y su poca abundancia en nuestra comarca.
Desgraciadamente, las fotografías que obtuvimos no son de
muy buena calidad, debido a la distancia a las que las sacamos y a la mala
sincronización que hicimos de la luz; subiremos estas fotos al blog igualmente
por su interés testimonial de la presencia de esta especie en nuestra comarca y
prometemos volver a intentar obtener unas imágenes de mejor calidad. Aunque el
reto será difícil no nos falta ilusión.
El camino de regreso lo realizaremos por el camino que vemos
a nuestra derecha y que confluye con el que nos lleva de Añón de Moncayo a
Talamantes. Iniciamos el descenso con unas dosis de tristeza en nuestras
mochilas, ya que hemos atravesado una zona por donde aún podemos observar los
destrozos producidos por el incendio del último verano. La incipiente
vegetación que va cubriendo poco a poco la ceniza nos proporciona un poco de
ilusión, pero no combate totalmente ese sentimiento de malestar que nos ha
creado la visión tan desagradable del terreno quemado.
Llegaremos finalmente al cruce del camino que nos indica a
la izquierda Añón y a la derecha Alcalá. Tomamos este último y ya, sin pérdida
posible llegaremos a Alcalá, al cruce que nos lleva a la entrada de la
Urbanización Villacumbres del Moncayo, en donde finalizará este recorrido de 13,5 km. de distancia.
Muy poca gente recuerda en Alcalá haber visto el río Huecha al paso por su localidad con un caudal tan grande de agua como el que estos últimos días se puede observar. Es por ello que decidimos aprovechar la circunstancia para realizar este paseo de unos 14 kilómetros de recorrido.
Bien es verdad que en el mapa se señalan 20,29 km, pero ello es debido a que está señalada la distancia entre la urbanización Villacumnbres y el puente de Alcalá sobre el Huecha (ida y vuelta) que nosotros realizamos en coche; y algunos metros de más que hicimos para poder encontrar un lugar por donde vadear el río, cosa muy difícil y que al final sólo conseguimos cruzándolo por un lugar en donde no cubriese demasiado (aún así, no pudimos evitar calarnos hasta por encima de los tobillos).
Comenzamos la andadura por el margen derecho del río hasta llegar al lugar donde se inicia el camino de ascenso (en el margen izquierdo) hacia Vera de Moncayo. Como ya hemos apuntado, no fue fácil dar con un lugar por donde cruzar el río y finalmente tuvimos que mojarnos para poder continuar nuestro paseo. Una vez cruzado el río no hay pérdida posible ya que bastará con seguir recto el camino sin desviarse (apenas hay oportunidad de hacerlo) hasta, tras un prolongado descenso, llegar al antiguo lavadero de Vera de Moncayo. El regreso lo hicimos por el cauce izquierdo, aunque esto no nos evitó tener que cruzar otra vez el río mojándonos con el agua helada del Huecha.
Es este un recorrido bastante sencillo y mucho más agradable durante estos días en los que en rumor del agua se hace compañero de ruta.
El ascenso hacia Vera es prolongado pero muy llevadero y nos ofrece unas interesantes vistas de los alrededores (Moncayo, Monasterio de Veruela, Trasmoz...)
Interesante observar cómo la primavera empieza a sentirse en estos parajes con la presencia de ejemplares botánicos curiosos como el Tartago Mayor (Euphorbia characias), o de una belleza singular, como el Narcissus assoanus (que este año está presente en gran abundancia en la zona).
El canto de las aves ayuda al rumor del agua a envolver el trayecto de una música agradable que nos ayudará a la relajación; a la abundancia de pinzones hay que sumar la de carboneros comunes, algún que otro herrerillo y gran cantidad de trigueros (entre otros).
En definitiva, un sencillo y agradable paseo muy recomendable aun en épocas del año en las cuales el río no esté tan caudaloso como ahora.
Esta hermosa abeja solitaria, de unos quince milímetros de
longitud y abundante pilosidad, presenta un hermoso abdomen de color miel,
siendo la cabeza y el tronco de intenso negro azabache.
Coloniza el sur y el centro de Europa y los Paises Bajos.
Su afición por el polen la convierte en una magnífica
polinizadora, especialmente de almendros, perales y manzanos, por lo que se
trabaja en la introducción masiva de la especie en este tipo de cultivos.
Las hembras suelen realizar la puesta en el interior de los agujeros de las
ventanas de madera que se habilitan para que expulsen la humedad. Después de
depositar los huevos, cubren el hueco con tierra.
Nunca antes, en nuestras caminatas por la comarca, nos
habíamos topado con alguno de estos ejemplares, ya que su existencia está
supeditada a la presencia de cedros; y ha tenido que ser en nuestro jardín en
donde hemos podido tener la suerte de descubrirlos y fotografiarlos.
Características macroscópicas:
Carpóforo que se presenta en su primer estadio con
forma globosa y prácticamente enterrado, poco a poco se va abriendo paso a la
par que adopta una forma de cúpula, finalmente emerge a la superficie
abriéndose en lóbulos más o menos estrellados, sin llegar a aplanarse. En
estado adulto su diámetro puede llegar a superar los 5 cm, aunque los ejemplares
cerrados apenas tienen 2 o 3 cm.
Peridio de color marrón recubierto en toda la
superficie externa por pelos largos muy apretados de color pardo, sobre todo en
los ejemplares jóvenes estos pelos forman una especie de tapiz siendo muy
patentes, con el tiempo tienden a desprenderse sobre todo en la zona superior del
ascoma.
Himenio ubicado en la superficie interna, resaltando por su color
mucho más claro que el resto del carpóforo, entre crema y gris claro. Es
completamente liso, carente de los pelos que presenta la zona externa. Tanto
las ascas como las esporas destacan por su gran tamaño, pudiendo alcanzar las
últimas de 30 a
36 micras por 15 de ancho.
Carne más bien espesa pero de consistencia frágil, su olor es casi nulo,
apreciándose solo el aroma del sustrato terroso sobre el que fructifica, así
mismo es prácticamente insípida.
Hábitat:
Es una especie considerada bibliográficamente como primaveral, constatando que
también puede aparecer en inviernos calurosos, nosotros la hemos localizado en
marzo y abril. Se caracteriza por su hábitat exclusivo bajo cedros, siendo
frecuente en este hábitat, pero hemos de constatar que desgraciadamente no hay
apenas cedros en nuestro entorno, en la mayoría de las ocasiones aparecen de
forma ornamental en jardines públicos. Suele aparecer en grupos numerosos.
Observaciones:
Este Ascomycete se diferencia de otros similares en primer lugar por su hábitat
exclusivo bajo cedros, además en caso de duda una simple mirada al tamaño de
sus esporas disipará dicha duda. La Geopora arenicola es menos
frecuente, aparece en zonas arenosas y sus esporas son mucho más pequeñas. Otra
especie que guarda cierta similitud es la Humaria hemisphaerica, de
esporas verrugosas.
Como mucho llega a 1.5cm, crece en
céspedes más o menos extensos. Hojas patentes en húmedo retorcidos en seco, de
ovadas a ovado-lingüiformes, no constreñidas en la zona media, las viejas con
un color oliva oscuro a muy oscuro, el ápice en muchas ocasiones cuculado, con
un largo pelo hialino fuertemente espinoso.
Es un musgo gipsícola, es decir, con
preferencia por las zonas áridas de yesos aunque también se puede dar en suelos
básicos.
Por la ecología de la especie podemos
sospechar que si vemos una Syntrichia en un lugar con estas
características puede ser ésta especie, no obstante S. ruralis, S.
calcicola, S. papillosissima y S. subpapillosissima pueden
acompañar a S. caninervis y tienen hojas no constreñidas en la zona
media. Se distingue de estas especies porque no tienen el verde oliva oscuro (a
veces casi negro) de las hojas viejas, tienen las hojas recurvadas en húmedo,
el ápice de las hojas no es cuculado y el pelo no es tan espinoso. Si hay dudas
es aconsejable observarlas bajo el microscopio ya que la lámina es biestratosa,
un carácter que sólo comparte otra Syntrichia de nuestra
brioflora, S. handelii, una planta rara que sólo se encuentra en una
localidad de Málaga que tiene las hojas algo constreñidas en la zona media.
El Instinto de Supervivencia, creo que innato en todo ser vivo, es el que os presentamos en esta entrada en la cual podréis observar cómo esta Langosta Egipcia ha optado por desprenderse de una extremidad, de la que seguramente estaría presa de algún depredador.
En las fotografías podréis observar cómo la pata izquierda ha sido desprendida, conservando la derecha.
No les volverá a crecer la extremidad perdida, pero podrá apañarse y subsistir con una sola, la cual, por lógica, ya no podrá volver a soltar.
Nuestro protagonista de hoy tendrá una segunda y última oportunidad.